Una medicina ancestral desde el corazón del Amazonas
La ayahuasca es una bebida sagrada utilizada desde hace siglos por diversas culturas indígenas de la Amazonía —principalmente en Perú, Colombia, Ecuador y Brasil— como herramienta de curación, expansión de consciencia y conexión espiritual. Su nombre proviene del quechua: aya (alma o muerto) y huasca (liana o cuerda), lo que puede traducirse como “la liana del alma”.
Esta bebida se prepara tradicionalmente con dos plantas principales:
- Banisteriopsis caapi: una liana que contiene inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), que permiten que el cuerpo procese compuestos psicoactivos como el DMT.
- Psychotria viridis u otras plantas ricas en DMT (dimetiltriptamina), una sustancia psicoactiva que también se encuentra en el cuerpo humano de forma natural.
La combinación de ambas plantas produce un estado ampliado de consciencia que puede inducir visiones, recuerdos, emociones intensas y comprensiones profundas sobre uno mismo y el universo.
¿Qué ocurre durante una experiencia con Ayahuasca?
La experiencia con ayahuasca no es simplemente psicodélica; es profundamente introspectiva y transformadora. A menudo se describe como un “viaje”, guiado por un espíritu antiguo, femenino y sabio, al que muchas tradiciones asocian con la serpiente, símbolo de transformación, visión y conocimiento.
Diversas tradiciones chamánicas describen los tipos de viaje de esta medicina a través de arquetipos animales:
- El viaje del jaguar: intenso, purgativo y protector. Permite liberar miedos y reconectar con la fuerza interior.
- El viaje de la serpiente: emocional y curativo. Conecta con memorias ancestrales y bloqueos emocionales que buscan liberación.
- El viaje del águila: visionario y elevado. Llena la mente de geometrías sagradas, símbolos y una profunda claridad espiritual.
Cada sesión puede abrir diferentes dimensiones del ser dependiendo del contexto, la intención, la tradición y el estado del participante.
La ciencia detrás de la Ayahuasca
El principal compuesto psicoactivo, el DMT, también se encuentra en el cuerpo humano, especialmente en la glándula pineal, y se cree que se libera de forma natural en momentos como el nacimiento, muerte, sueños profundos o estados de meditación intensa.
En los últimos años, estudios científicos han empezado a validar lo que las tradiciones indígenas ya sabían:
- Estimula la neuroplasticidad (la capacidad del cerebro para reconfigurarse).
- Ayuda en la liberación de traumas profundos.
- Se ha mostrado prometedora en el tratamiento de depresión resistente, ansiedad, TEPT y adicciones.
Más allá de lo clínico, muchas personas experimentan un cambio profundo de perspectiva, redescubren su propósito y fortalecen su conexión consigo mismos, con la naturaleza y con lo sagrado.
Mi camino con la Ayahuasca: una transformación personal
Durante más de seis años he trabajado profundamente con esta medicina, primero desde una práctica individual —en silencio, con respeto y apertura—, y luego acompañando procesos grupales en Medianti, un espacio de medicina presente en distintas partes de México, así como en ceremonias realizadas en Costa Rica, Ibiza y otros territorios.
La ayahuasca ha sido para mí una maestra viva, un espejo honesto y un catalizador de transformación. De su mano nació DeepAjna, un proyecto que busca traducir los aprendizajes de estas experiencias en servicio e integración para otros.
Explorando la tradición Shipiba y las dietas con plantas maestras
Mi conexión más profunda ha sido con la tradición Shipiba, una de las culturas amazónicas más vinculadas al uso ceremonial de la ayahuasca. Allí viví procesos de “dieta”, prácticas chamánicas donde se entra en aislamiento, silencio y alimentación restringida para recibir la sabiduría de otras plantas maestras como:
- Rosa del Jericó
- Albahaca
- Tabaco
- Jazmín
- Jengibre
Cada planta tiene su propio espíritu, su mensaje y su forma de enseñar, y estas dietas son procesos de reconfiguración interna profunda, no solo para sanar, sino para aprender a acompañar a otros con mayor sensibilidad y responsabilidad.
Ayahuasca no es mágica, pero sí profundamente real
Es importante decirlo con claridad: la ayahuasca no es una solución mágica. No “cura” por sí sola, ni garantiza experiencias placenteras o reveladoras. Puede mostrar, confrontar y abrir puertas, pero el verdadero trabajo ocurre después, en la vida diaria, cuando uno integra lo visto y sentido.
No todas las experiencias son luminosas. A veces hay dolor, sombra, caos. Pero con respeto, contención y acompañamiento adecuado, esa oscuridad puede ser transformada en conciencia.
Esta medicina limpia, reorganiza, libera… pero sobre todo, nos recuerda quiénes somos y hacia dónde queremos ir.
Lo que vivimos en profundidad merece ser sostenido con presencia. Si algo de este texto resonó contigo, quizás sea momento de seguir explorando tu proceso con guía.

